viernes, 19 de marzo de 2010

Su vestido azul favorito.

El viento mecía las hojas de los árboles, mientras ella corría sin ningún destino concreto en su cabeza. La encantaba la idea de correr sin rumbo, expectante por saber adonde la llevarían sus pequeñas piernas. La alegría se le notaba en la cara, un suave color rosado cubría sus mejillas, y sus ojos destilaban ilusión y felicidad. La pequeña carrera la fatigaba, pero aún sentía que no había llegado a su destino. De pronto paró en seco, intrigada por el lugar donde había ido a parar su lado inconsciente. Ese pequeño parque la sonaba, pero decidió ignorarlo. Miraba a su alrededor maravillada, los pequeños árboles tenían a sus pies miles de flores de todos los colores imaginables, y en el centro del pequeño parque se encontraba un pequeño quiosco de helados. Tenía mucha hambre, pensó, y fue saltando a por un helado. Se sentía pequeña, con el cucurucho en la mano y su vestido azul favorito. Decidió sentarse en uno de los bancos y mirar a la gente pasar. Como hacía cuando era niña. Observaba a la gente con cuidado, reparando en todos los detalles. Uno por uno, los miraba con cuidado, procurando que no la vieran. Después de un rato, un reflejo rubio le distrajo de sus pensamientos. Una mirada le bastó para saber que él estaba allí, y esa idea no le gustaba nada. Dejó el cucurucho en el banco, le lanzó una mirada, y salió corriendo otra vez. Hoy no era el día reservado para él, pensó. Tal vez, nunca fuera ese día.

martes, 16 de marzo de 2010

Hoy no es el día reservado para él.

El viento mecía las hojas de los árboles, mientras ella corría sin rumbo. La encantaba la idea de correr sin rumbo, expectante por saber adonde la llevarían sus pequeñas piernas. La alegría se le notaba en la cara, un suave color rosado cubría sus mejillas, y sus ojos destilaban ilusión y felicidad. La pequeña carrera la fatigaba, pero aún sentía que no había llegado a su destino. De pronto paró en seco, intrigada por el lugar donde había ido a parar su lado inconsciente. Ese pequeño parque la sonaba, pero decidió ignorarlo. Miraba a su alrededor maravillada, los pequeños árboles tenían a sus pies miles de flores de todos los colores imaginables, y en el centro del pequeño parque se encontraba un pequeño quiosco de helados. Tenía mucha hambre, pensó, y fue saltando a por un helado. Se sentía pequeña, con el cucurucho en la mano y su vestido azul favorito. Decidió sentarse en uno de los bancos y mirar a la gente pasar. Como hacía cuando era niña. Observaba a la gente con cuidado, reparando en todos los detalles. Uno por uno, los miraba con cuidado, procurando que no la vieran. Después de un rato, un reflejo rubio le distrajo de sus pensamientos. Una mirada le bastó para saber que él estaba allí, y esa idea no le gustaba nada. Dejó el cucurucho en el banco, le lanzó una mirada, y salió corriendo otra vez. Hoy no era el día reservado para él, pensó. Tal vez, nunca fuera ese día.

Deliciosamente inexplicable.

Me río con ganas al recordar aquella conversación de tarde de domingo.
- Y por qué me elegiste a mi? Había mucha gente en ese bar.
- No seas bobo. Te hubiese elegido a tí aunque hubieran 1000 personas.
Suena el timbre, abro automaticamente, como siempre. Y entonces tus labios sellan los mios, con uno de esos besos que sabes que me gustan tanto, de esos suaves y blanditos. Te mofas un poco de mi reacción y te autoinvitas a pasar, como siempre.
- De qué te reías tanto antes?
- De nada, me estaba acordando de una cosa.
Y me vuelvo a reir un rato para picarte. Tu risa inunda la sala y no puedo evitar quedarme embobada al escucharla. Siempre soñaba con esto, y ahora estaba delante de mi. Y me vuelves a besar, con más cuidado que antes, porque sabes que me vuelve loca que hagas eso. Y me vuelvo a perder en esos ojos de un color deliciosamente inexplicable.